Sobre la memoria histórica y democrática

Hoy he intervenido en el pleno de la Diputación en el debate de una moción de Adelante Málaga relativa al cumplimiento de Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía.

Esta moción, aunque más extensa en sus acuerdos, es igual a la presentada por el grupo del PSOE en la pasada comisión especial de cuentas.

Además, incluye iniciativas que el PSOE ha presentado en otras ocasiones a la consideración de este pleno, la mayoría de ellas rechazadas. 

Tengo que recordar que el grupo del PSOE propuso la creación de un servicio de memoria histórica en esta Diputación. No logramos el respaldo del equipo de gobierno. Ni tampoco a las propuestas pedagógicas para difundir asuntos de memoria histórica, el apoyo económico a las asociaciones o contribuir a la financiación de exhumaciones. 

En fin, no sin cierto desencanto este grupo confirmó sus temores iniciales: que el PP, en el gobierno, frena cualquier intento de reparación moral de las víctimas de la dictadura.

Esta moción es una nueva oportunidad para el equipo de gobierno del PP, y la primera para Ciudadanos y el diputado no adscrito, de mostrar su compromiso democrático, sin más.

Lo que denominamos Memoria Histórica o Democrática nace de un principio moral que tenemos, todos, por encima de partidos: el deber de reparar el daño causado a las víctimas de una guerra y una dictadura. 

Observen que no le pongo calificativos. Porque ese deber moral está por encima de ellos. 

El derecho a recordar a las víctimas es de todos y para todas las víctimas.

Derecho al olvido

Existe una doctrina que pregona el derecho al olvido, elogia el olvido como instrumento para la concordia. Estamos de acuerdo, porque eso fue precisamente lo que partidos como el nuestro, como el PSOE, hizo en los primeros pasos de la Transición. Lo hizo el PSOE y lo hicieron otros, como el Partido Comunista. Nosotros olvidamos o no recordamos para que España alumbrara un periodo democrático tras los 40 años de dictadura. El país no estaba preparado para una transición política y para una reparación moral. 

Hicimos un ejercicio de responsabilidad, con una consecuencia: durante décadas convivimos con el dolor de compañeros y compañeras que no entendían por qué había que asumir que en plena democracia sus familiares no tenían el derecho a un enterramiento digno y al reconocimiento como víctimas.

No fue hasta 2007 cuando el PSOE entendió que la sociedad necesitaba recordar y estaba preparada para ello. No había razones para mantener la espera de los familiares de las víctimas de la guerra y la dictadura que no pudieron despedir a sus muertos, desenterrarlos de las cunetas o las tapias, de esas fosas de la indignidad que siguen cerradas. 

Ahora, creo, honradamente, que ese ejercicio de responsabilidad lo tienen que hacer los representantes del PP, porque representan, lo quieran o no, a una tradición ideológica, la conservadora, que rechaza cualquier avance en memoria histórica con el argumento de que hay que olvidar para cerrar heridas. 

Y lo deben hacer por su propio bien.

Contradicciones

Por no ser contradictorios. Pues no se puede rechazar esta moción sobre memoria democrática en el mismo pleno en el que reivindican los derechos de las personas homosexuales. Porque dentro de esos derechos del colectivo LGTBI está la reparación moral y plena de miles de personas que fueron asesinadas en la guerra, perseguidas o encarceladas en la dictadura hasta 1978, tras la derogación de parte de la Ley de Peligrosidad Social.

La lucha de los derechos del presente solo es posible reparando el dolor y el sufrimiento del pasado. 

Así seremos capaces de vivir cordialmente, aislando a los nostálgicos de regímenes no democráticos, sean de las izquierdas o de las derechas. Ese es otro deber político de los demócratas.

Les insto a que rectifiquen, cumplan con la ley y comiencen a dar pasos por la concordia real. Solo así podremos cumplir el mandato de Manuel Azaña: paz, piedad y perdón.


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