¿Evocar el dolor o repararlo?

El pleno ordinario de la Diputación de Málaga ha debatido la cuestión de renombrar una calle madrileña en recuerdo del crucero Baleares. Para quienes desconozcan la historia de este barco de guerra, pueden leerla en este enlace.  

La moción, presentada por el grupo de Adelante Málaga, pedía que el presidente de la Diputación reclamara el alcalde de Madrid que no cambiase el actual nombre de Barco Sinaia (el primer buque que llevó a México a refugiados españoles durante la Guerra Civil) por el del crucero que bombardeó la costa malagueña durante los sucesos conocidos como la Carretera de Almería, el éxodo de miles de personas desde Málaga atacados por tierra, mar y aire.

Os dejo mi intervención. Solo quiero añadir que una sociedad que se tiene por sí misma moderna y digna no puede elegir un acto de masacre y barbarie frente al reconocimiento de un acto humanitario. Que una sociedad que persigue la convivencia y la solidaridad entre compatriotas debe reclamar a sus jueces que sus sentencias no dividan y enfrenten a los españoles.

Intervención sobre el crucero Baleares en la Diputación

Debatimos una moción que nos atañe como corporación provincial, porque a esta institución, a sus representantes políticos, es decir, a todos nosotros nos atañe el deber moral de la reparación de las víctimas de la Guerra Civil, la memoria de los hechos y la concordia para el futuro. 

Elija cada cual lo que más se acerque a lo que entiende por memoria democrática, justicia reparadora o convivencia.

La Justicia decide que el Ayuntamiento de Madrid debe reponer el nombre de Crucero Baleares a una calle porque según el tribunal llamarla así no enaltece la guerra ni la sublevación ni el franquismo. Dudo que el tribunal haya pensado el verdadero alcance de esta decisión. El nombre de un barco de guerra que masacró a miles de personas a poco menos de 10 kilómetros de aquí quizá no enaltece a la sublevación, mejor dicho, al golpe de estado de 1936; de lo que estoy seguro es que está eternamente ligado a la muerte entre compatriotas, a la destrucción y a la barbarie.

No queda justificado, según la sentencia, ni documentado, el motivo de que esta calle ostentase el nombre del buque de guerra. No se sabe si quien puso el nombre lo hizo por esta o aquella razón. Me pregunto:
¿No basta lo que evoca este barco para retirar su nombre por desafortunado y poco apropiado para una sociedad moderna que aspira a la convivencia democrática en plenitud?

Por mi parte, no dudo de que la intención de poner ese nombre fue enaltecer y recordar sus gestas militares y la adhesión a los golpistas de un barco de guerra. No cabe otra en un callejero que se llenó de los héroes del alzamiento, hazañas de guerra y demás nomenclatura franquista.

Málaga queda lejos para la capital de España. El dolor aumenta con la proximidad.

¿Imagina alguien en Málaga una calle dedicada al Crucero Baleares o al alto mando que dirigió las operaciones de castigo contra la población civil que marchaba despavorida desde Málaga hacia Almería?

Esa desbandá, equivocado calificativo que metafóricamente convierte a la persona refugiada en pájaro, fue una huida del miedo a la muerte hacia la muerte misma: niños, ancianos, familias completas, asesinadas o rotas.

Piensen por un momento qué pueden sentir los malagueños descendientes de esas familias cuando lean que una calle madrileña, por decisión judicial, debe llamarse Crucero Baleares. Mitigar ese dolor es lo que nos toca hoy aquí. O al menos intentarlo.

Tenemos una responsabilidad con el pasado.

Que nadie piense en revanchas cuando se defiende que la muerte no puede llenar las cartelas de las calles de este país. A menos que sea para recordarnos a los vivos que otros murieron por la sinrazón, el fanatismo y la locura colectiva.

Que murieran 800 personas, de uno y otro bando, en el hundimiento del crucero Baleares, ser sinónimo de tanta muerte, de tanto sufrimiento, de tanto dolor desmerece cualquier exaltación o recuerdo heroico. Si la calle se acabara llamando de nuevo Crucero Baleares, debajo de tal nombre, debería rezar la leyenda de:

“Fue un arma de muerte y destrucción, y con esta placa el pueblo de Madrid lo recuerda para que en nuestra historia jamás se repita tanta barbarie entre españoles”.

Resignificar los lugares de memoria democrática

Es momento de resignificar los lugares protagonistas de un pasado reciente terrible. Lo hacen otros países. Los nombres de estaciones de metro, plazas o calles que evocan sucesos sangrientos suelen tener un panel o cartel que explica lo que sucedió para que esté presente en nuestras vidas como ese camino que no se debe volver a andar. 

En la moción, se pide al presidente de la Diputación que defienda a los malagueños y malagueñas que sienten esta decisión como una humillación. Sus familiares no solo sufrieron la desgracia en su presente; hoy su memoria es pisoteada por decisiones como ésta. 

No se amparen en que es una decisión judicial. Es una desacertada decisión judicial. Correcta en su argumentación jurídica, pero falta de empatía. Respetada con tanto compromiso democrático por este grupo como insensibilidad destilada tiene su fallo.

Este pleno debe pedir de manera unánime al Ayuntamiento de Madrid, con el que la ciudad de Málaga tiene tantos vínculos históricos, que no incurra en un acto que representa tanto dolor para los descendientes de los asesinados en la carretera de Almería y que en nada fomenta, lo que nos dice la Ley de Memoria Histórica, «la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales». 


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